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Siendo todavía un niño me
inquietaba el poder conocer alguna razón que
explicara de forma breve el porqué el libro de
Mateo –en el Nuevo Testamento— tenía que iniciar
con una descripción genealógica un tanto larga.
Talvés en algún momento me pareció
aburrido tener que leer tantos nombres para
llegar a la familia de José y María. El
tratar de entender de forma tan rápida el que " todas las
generaciones desde Abraham hasta David son
catorce; desde David hasta la deportación a
Babilonia, catorce; y desde la deportación a
Babilonia hasta Cristo, catorce " no era a
esa edad algo tan claro y específico para mi
pequeña mente, sin embargo, un interés por
conocer y comprender lo que esto significaba
siempre acompañó mi camino. Las preguntas y
dudas que pudieron desarrollarse en aquella
etapa lograron disiparse conforme fui creciendo
y las razones de lo que todo esto era tomó
sentido en mi vida.
¿Podría imaginarse por un momento lo siguiente?, piense
en los 2.000 años que aproximadamente pasaron
desde que Dios hiciera la promesa a Abraham de
levantar de su descendencia a aquel quién sería
el Mesías, es decir el ungído de Dios, la
esperanza de Salvación. Para nuestra mente
humana que trata de calcularlo todo nos
parecería imposible que algo así ocurriera
considerando la cantidad de años que hay de por
medio. Sin embargo, en el primer siglo de
nuestra era nace Jesús dando cumplimiento a
numerosas profecías dadas en cuanto a su
nacimiento, ministerio, muerte y resurrección, y
después de varias generaciones. Las palabras y
promesas de Dios fueron fieles y firmes hasta su
cumplimiento a lo largo de tantos años y
familias. Me encanta saber que Mateo tuvo el
detalle de resumir las genealogías de la familia
del Mesías para que personas como usted y como
yo pudiéramos comprender que lo que Dios dice
permanece y se cumple.
Amigo, por
unos cuantos segundos te invito a que descanses
y no hagas nada para que con tranquilidad y
quietud puedas darte cuenta que el mismo Dios
que cumplió sus promesas 2.000 años después de
Abraham con el nacimiento de Jesús, está
presente en nuestros días justamente unos 2.000
años más tarde desde que Cristo resucito y subió
al cielo. Dios no cambia, El es el mismo de
"ayer, hoy y por lo siglos" y con su amor tan
grande te está invitando a que aceptes la verdad
de lo que su hijo Jesucristo hizo en la cruz.
¿No te gustaría creer en Dios quién es fiel a
sus promesas?
¡Buenas Noticias!...
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